Estamos formados por un complejo y maravilloso conjunto de muchas partes, pero absolutamente todas están conectadas entre sí.

De tal forma que toda nuestra estructura, se relaciona con determinadas zonas externas del cuerpo. Son llamadas zonas reflejas.

 

En esto se basa la Reflexología Podal, una práctica que se realiza en Oriente desde hace milenios, que aún sigue viva por su gran valor y que se ha ido transmitiendo hasta llegar a Occidente.

 

 

Los pies son una de las pantallas reflejas más especiales de nuestro cuerpo, por su sensibilidad, por su tamaño y porque son zonas con doble polaridad.

Este masaje nos ayuda a liberar las tensiones y, además, deja al cuerpo en un estado de calma a partir del cual nuestra capacidad de autocuración se activa para reparar los desequilibrios.