Mi labor en este espacio, es la de realizar un trabajo minucioso y concreto en los pies. Se trata de una técnica milenaria, pero al ser una práctica manual, cada sesión es excepcional y particular.

Mi sensibilidad, tacto e intención, hacen que mi toque sea… puro arte.

 

 

Estudié la carrera de Ingeniería Química y cuando terminé, hice un Máster de Reciclaje de Aguas Residuales. Trabajé durante 8 años en un laboratorio Físico-Químico y Medioambiental, y ejercí en alguna ocasión de Auditor Jefe. Haber tenido estas profesiones tan importantes para mí, me satisface mucho. Y agradezco haber vivido todas y cada una de estas etapas.

En el 2012 conocí el Shiatsu. Al principio estuve recibiendo sesiones semanalmente y un tiempo después, cada 15 días o 1 vez/mes, dependiendo de cómo me sentía. Son experiencias que renuevan tanto, que no pude evitar profundizar en ello y estudié la Formación Profesional de Shiatsu.

Un tiempo después, experimenté la Reflexología Podal, y conecté con ella de una manera muy especial, con lo que no dudé en realizar la Formación de Reflexología Podal Holística.

Llegada a este punto, comprendí que no tiene por qué gustarnos una sola profesión, se nos puede dar bien hacer diferentes cosas y disfrutarlas.

El trabajo en laboratorio me gusta, es muy dinámico, meticuloso, requiere de precisión y esmero, y todo ello es inherente a mí. Estas cualidades son fundamentales en el masaje que realizo, la diferencia, es que estoy en contacto directo con las personas.

Eso lo convierte en una labor más viva y menos automática. Es un verdadero arte.

 

 

Al fin y al cabo me sigue apasionando la química, tanto en la cocina para hacer de mi alimento mi medicina, como a través del masaje, para transformar el bloqueo y la rigidez del cuerpo, en liberación y fluidez.